Adolfo Gilly
La Jornada
Desde el alto Himalaya de su proverbial perfidia, el imperio
británico amenaza a la República del Ecuador con invadir su embajada en
Londres porque el presidente Rafael Correa está cumpliendo en el caso de
Julian Assange con una de las más nobles tradiciones entre las
repúblicas de América Latina: el asilo a los perseguidos políticos,
cualesquiera sean las ideas y las razones de éstos en cada caso.
Lo que Gran Bretaña amenaza una vez más no es sólo la libertad y la
integridad física de Assange. Es el principio universal del derecho de
asilo, ese territorio inmaterial que las grandes potencias y los
pequeños dictadores siempre han tratado de abolir.
Dos directores de cine estadounidenses reconocidos por sus
trayectorias en defensa de los derechos humanos contra las acciones de
los gobiernos de su país, Michael Moore y Oliver Stone, publicaron en The New York Times
del 21 de agosto pasado una razonada y encendida denuncia en el caso de
Assange: “Ecuador ha actuado en conformidad con importantes principios
internacionales de derechos humanos.
“Desde su fundación, Wikileaks ha revelado la filmación Asesinato
colateral, que muestra el evidente asesinato indiscriminado de civiles
en Bagdad por un helicóptero de ataque Apache estadounidense; otros
precisos detalles adicionales sobre el verdadero rostro de las guerras
en Irak y Afganistán; la complicidad con la dictadura de Yemen para
ocultar nuestra responsabilidad por bombardeos en ese país; la presión
del gobierno de Obama sobre otras naciones para que no incriminaran por
tortura a funcionarios de la era de Bush, y mucho más.
“Como era de prever, la respuesta de quienes preferirían que los
estadounidenses fuéramos mantenidos en la ignorancia fue feroz.
Dirigentes de primera fila de ambos partidos han calificado a Assange
como ‘un terrorista de alta tecnología’ (a high-tech terrorist)”, dicen Moore y Stone.
Suecia, que en el siglo pasado mantuvo una generosa política de asilo
a los perseguidos por las dictaduras latinoamericanas, registra ahora
casos recientes en sentido opuesto. "La historia indica que Suecia puede
ceder a cualquier presión de Estados Unidos para entregar a Assange",
agregan Oliver Stone y Michael Moore: "En 2001 el gobierno sueco entregó
a la CIA a dos egipcios que buscaban asilo, la cual los entregó al
régimen de Mubarak, que los torturó".
* * *
El caso ha motivado un torrente de intervenciones en las redes, la
mayoría en defensa de Assange, aunque no todas. Digna de ser mencionada
es una reflexión de Naomi Wolf, quien durante años ha trabajado en
defensa y apoyo de mujeres víctimas de violación y malos tratos. El
texto, ahora en nutrida circulación, es del pasado 11 de febrero. Se
titula Algo está podrido en el Estado de Suecia: ocho grandes problemas
en el ‘caso’ contra Assange. Escribe la autora:
"Basada en mis veintitrés años de informar sobre la legislación
global acerca de la violación y en mis cinco años de apoyo a las mujeres
en los centros de crisis por violación y en los refugios de mujeres
golpeadas, puedo decir con certidumbre que este caso no se está tratando
como un caso normal de violación o de violencia sexual. Los nuevos
detalles de la policía sueca lo muestran claramente. Su informe contra
Assange es sorprendentemente diferente de los informes sobre estos temas
que he leído durante años como defensora de víctimas de crímenes
sexuales".
La autora enumera y analiza ocho características de ese informe por
las cuales lo considera fuera de las normas establecidas por la policía y
la justicia suecas en casos de violación o agresión sexual. “El informe
en el caso Assange –sostiene– es anómalo, pues en ningún modo sugiere
que alguna de las dos mujeres negó su consentimiento o se sintió
amenazada. Nomás sobre esta base, por tanto, el informe sobre Assange es
totalmente aberrante”.
En el octavo punto de su argumentación afirma que, en Suecia, "la
policía y los fiscales nunca filtran los informes policiales durante una
investigación en curso porque pueden ser castigados si lo hacen. Los
informes completos de los alegatos de las mujeres fueron filtrados a los
medios de Estados Unidos. Los únicos que tienen acceso a esos
documentos son la policía, los fiscales y los abogados. [...] Cualquier
funcionario que filtra tales documentos confidenciales incurre en
severas penas. [...]
Parece muy verosímil que los documentos del caso
Assange fueron filtrados por la policía o los ministerios públicos
porque desde las alturas les llegó señal de que podrían hacerlo
impunemente". Policía y fiscales se manejan así, dice Wolf, porque saben
que no se trata de juzgar a Assange en Suecia, sino de traerlo para
entregarlo a Estados Unidos.
El escrito íntegro de Naomi Wolf puede encontrarse en:
[Esto se refuerza con los comentarios de Twitter que borró la
amante sueca de Julian Assange, que luego fue señalada por "vinculación
con la CIA", http://www.lahaine.org/index.php?p=49879 ]
* * *
Entre los varios artículos sobre el tema, Anita Isaacs, profesora de
ciencia política especializada en América Latina en Haverford College,
Pennsylvania, publicó uno singular, también en The New York Times,
el pasado 20 de agosto. Se titula: "No se trata de Assange". Después de
registrar cómo la decisión de dar asilo a Julian Assange ha colocado a
Ecuador en "una confrontación política" con Gran Bretaña, la autora
argumenta:
“Pero la confusión en Londres en realidad tiene poco o nada que ver
con las relaciones Ecuador-Gran Bretaña, y todo que ver con la política
regional y local en el hemisterio occidental. Y tiene poco que ver con
la protección del derecho de Assange a un juicio justo o con la libertad
de prensa –que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha pisoteado en
su país. En cambio, es un intento de Correa para ajustar viejas cuentas
con Estados Unidos, mostrar su valentía política en la carrera hacia la
elección presidencial el año próximo y jugarse una apuesta de poder
hacia un papel dirigente en la izquierda latinoamericana.
“El estilo populista de confrontación típico de Correa –concluye la
autora– sirve para fortalecer su prestigio en un país con una larga
tradición de política autoritaria” y para mostrar "sus posibilidades
para un papel dirigente regional más allá de las fronteras
ecuatorianas".
El artículo no es sutil y tampoco inocente. Tal vez su autora no lo
sepa, pero alguien más importante que su persona quiere recordarnos
desde Estados Unidos que Rafael Correa se está pasando de la raya, que
Ecuador es demasiado pequeño para tales audacias y que su presidente
está desafiando a Gran Bretaña y a Estados Unidos juntos, y dando al
mismo tiempo un mal ejemplo a otros gobiernos latinoamericanos.
* * *
Al menos hasta 1982 México mantuvo una tradición de asilo político
que, aun con altibajos, dio cobijo y protección a los perseguidos por
las dictaduras militares latinoamericanas. Chilenos, argentinos,
brasileños, bolivianos, uruguayos, colombianos, guatemaltecos,
nicaragüenses, salvadoreños, la entera geografía de la persecución
política en América Latina, encontró asilo y refugio en este país, bajo
gobiernos mexicanos que no dejaban de ejercer aquí sus propias
modalidades represivas.
Esa política de asilo venía de lejos, desde los años 1920 al menos,
cuando encontraron refugio y libertad en México el nicaragüense César
Augusto Sandino, el venezolano Carlos León, el peruano Víctor Raúl Haya
de la Torre, los cubanos Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras, y otros
muchos de menor nombradía. Tradición singular, tuvo su momento
culminante en la apertura de México al exilio republicano español en los
tiempos del presidente Lázaro Cárdenas.
Pero ya en diciembre de 1936, antes de que estallara la tragedia
española, dio el general Cárdenas asilo político a León Trotsky, a quien
ningún gobierno quería proteger contra el de su país, la entonces Unión
Soviética. No entiendo comparar casos y situaciones tan distintas. Pero
se trataba también de un perseguido solitario cuyos poderosos enemigos
no temían sus armas, que no las tenía, sino su pluma, sus ideas y el
ejemplo de libertad en el pensar y en el decir.
Ese perseguido fue por fin asesinado en Coyoacán –allí está aún su
casa de entonces– el 21 de agosto de 1940, por orden y acción del
gobierno de aquella gran potencia hoy desaparecida. Esta historia está
incomparablemente contada por el escritor cubano Leonardo Padura en su
libro "El hombre que amaba a los perros".
El presidente Cárdenas, que sabía medir sus palabras, esa vez no
quiso contener su indignación. El 29 de agosto de 1940, en un Mensaje a
los Trabajadores del País, acusó a los asesinos de haberse "aliado con
un poder extraño" contra la soberanía mexicana: “estos elementos han
cometido el delito de traición a la patria [...] cometiendo un crimen
que la historia censurará como deshonroso para quien lo haya inspirado y
como nefasto para quienes lo consumaron. Al señor León Trotsky –agregó
el presidente– México había otorgado protección en su suelo, sin más
interés que cumplir con sus postulados de dar asilo a todo perseguido
político y hacer patente con ello, ante el mundo entero, el derecho
soberano de la nación mexicana”.
Segundas y terceras intenciones atribuyeron los gobiernos y sus
escribas al gesto del presidente Cárdenas de conceder ese asilo. No lo
hizo, como alguno dijo, por acuerdo con las ideas del revolucionario
perseguido, sino por un simple acto de coherencia con sus propios
principios.
Los tiempos pueden ser distintos. Pero la hipocresía de las grandes
potencias me resulta invariable cuando se trata de perseguir a aquellos
que, con razones y sin armas, documentan la esencia de sus políticas de
dominación y guerra.
* * *
Contra quienes atribuyen a Rafael Correa ambiciones regionales y le
lanzan el ambiguo epíteto de "populista", yo prefiero creer que su
decisión de recibir y proteger a Julian Assange en la embajada
ecuatoriana en Londres obedece, cambiando tiempos y personajes, a las
mismas razones del presidente Cárdenas: otorgar "protección en su suelo,
sin más interés que cumplir con sus postulados de dar asilo a todo
perseguido político y hacer patente con ello, ante el mundo entero, el
derecho soberano de la nación ecuatoriana".
Pues el haber revelado las verdades con fehacientes documentos
hallados en los archivos y haber así mostrado que los reyes y los
magnates están desnudos, ha sido el verdadero pecado de Julian Assange.
Los cables sobre México en WikiLeaks
Sitio especial de La Jornada sobre WikiLeaks
-:-
La foto en un restaurante con amigos podría ayudar a Assange a demostrar la falta de fundamento de la acusación.
Información relacionada:
La foto en un restaurante con amigos podría ayudar a Assange a demostrar la falta de fundamento de la acusación.
-:-


No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada