Barcelonés
Quizás de tanto escucharla pueda parecer que la frase “los pobres son
cada vez más pobres” ha perdido sentido. Pero las cifras demuestran que
en Barcelona la brecha social, la diferencia de renta entre quienes
tienen más y quienes tienen menos, va en aumento y los expertos
consideran que en algún momento podría estallar la violencia.
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| Ciutat Meridiana |
La web de Estadísticas del Ayuntamiento de Barcelona da los números que lo demuestran. Y son datos de 2010,
con lo que cabe esperar a los de 2012 para ver qué estragos ha hecho la
crisis en estos dos últimos años. Si se toma como media de la Renta
Familiar Disponible (RFD) de la ciudad el número 100, veremos que hay
barrios muy alejados de esa cifra. El Turó de la Peira, con un 54 sobre
100 es uno de ellos; Roquetes, con un 53,3 es otro; Ciudad Meridiana con
un 49,7 es otro de los ejemplos más sangrantes. “Yo me fui de Ciudad
Meridiana porque el barrio se estaba degradando y porque el puesto que
tenía en el mercado ya no me daba ni para comer”, explica José, dueño de
la Xarcuteria Martín Castro en el Paseo Urrutia, del barrio de Can
Peguera, otro de los más castigados por la crisis. “Pero esto viene de
antes, Nou Barris siempre ha tenido menos renta y más problemas que el
resto de la ciudad y ahora los políticos nos piden que arrimemos el
hombro para sacar el barrio adelante”, explica Manoli, la mujer de José
con quien lleva el negocio desde hace dos años y medio y que muestra su
malestar por haber tenido que abandonar un barrio que ya no le daba más
que problemas. No quieren quejarse, han podido montar la tienda, pagar
gastos y seguir adelante. “Pero hay cosas que te extrañan, por ejemplo,
que la gente no deje de quejarse pero se cambie de coche”, explica José a
Barcelonés.
La visita a José y Manoli se produce el 22 de mayo, día de la primera huelga conjunta del sector de la Educación en España.
Pero en las calles se ven pocos críos. Loli, que tiene una tienda en la
calle Pi i Molist, muy cerca de Virrei Amat, ha mandado al suyo al
colegio. “¿Es que va a cambiar algo? Todo sigue igual o peor y yo ya
estoy agotada”, explica esta mujer que asegura que ha vuelto a colgar el
cartel de “Se aparta género” para ver si las vecinas se animan a
comprar algo de ropa “aunque sea a plazos”.
Dos ciudades
Sin
embargo, en otros barrios las cosas parecen ir en un sentido bien
distinto a estas zonas de Nou Barris. Un paseo por la calle Córcega, en
su tramo por el Eixample muestra un panorama bien diferente. No es que
las tiendas estén a rebosar, pero hay ambiente comercial, en los bares y
en las calles. A pesar de que todo el mundo habla de crisis, en esta
zona parecen no querer mentar al diablo. Esta es una de esas
zonas en las que la renta no solo no ha bajado en los últimos años, sino
que se ha mantenido e incluso ha aumentado. Es el caso de la Dreta del
Eixample que en el año 2008 registraba una renta familiar disponible de
138, mientras que en 2010 era de 144,1, muy por encima de la media de la
ciudad. Lo mismo ha sucedido con la Antiga Esquerra de l’Eixample, que
ha pasado de 122, 8 a 125,9; por no hablar del excepcional caso de
Pedralbes que ha pasado de 194 en 2008 a 225, 8 en 2010.
“Para ver como aumentan las diferencias entre los barrios de Barcelona hay que mirar también las tasas de paro”, explica el profesor de Economía Aplicada de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), Albert Recio. Fijémonos en ese dato entonces y comprobaremos que las diferencias son enormes: mientras que el distrito de Sarrià registraba un paro del 8% en diciembre de 2011, el de Nou Barris acumulaba hasta el 17,2 % de gente en edad de trabajar sin ocupación.
Albert Recio apunta a que en el caso de Barcelona se partía de una situación muy desigual y que como el impacto de la crisis está siendo muy amplio, lo más normal es que la gente se vaya adaptando. “La gente irá pasando como pueda, irá tirando con menos y lo peor se verá a medio plazo en ámbitos como el de la salud. Sin duda, veremos un deterioro paulatino con graves costes sociales para mucha gente”, contesta el experto ante la cuestión sobre lo que podría pasar si la situación sigue empeorando.
Otros modelos
En ciudades como Londres, donde las diferencias son también muy grandes entre barrios ricos y pobres, hay un temor por parte de las instituciones a que estalle la violencia. La revista Time, en su número del 14 de mayo de 2012 ponía de manifiesto este temor y un sociólogo de la Universidad de Bristol, Will Atkinson, hablaba de que “se está extendiendo una nueva conciencia de clase entre los más afectados por la crisis” que se ejemplifica con algunos altercados entre gente necesitada y gente que no lo está tanto.
Es difícil saber lo que va a ocurrir aquí. Los expertos coinciden en apuntar que tanto en Londres como en París hay un componente xenófobo, los jóvenes cuyos padres emigraron a estas ciudades ya son ciudadanos de esas ciudades pero se siguen sintiendo ciudadanos de segunda clase. “Los británicos de origen africano o caribeño y los franceses de origen magrebí sufren una discriminación racial y xenófoba que es parte del origen de las revueltas que se han vivido en esas ciudades”, explica Recio que asegura que la violencia puede ser una salida a tanta frustración pero no la única y recuerda como en los años 80 llegó el flagelo de la heroína a los barrios obreros españoles.
“No descarto que surjan respuestas xenófobas por parte de la población local aunque hay que tener en cuenta que la lucha por la supervivencia suele tener muy ocupada a la gente”, dice Recio. Lo que tiene claro este profesor y miembro de la Junta de la Federació d’Associacions de Veïns i Veïnes de Barcelona es que la persistencia de la crisis aumentará las desigualdades y eso es “una bomba de relojería que puede estallar de muchas formas”.
Barcelona no es una excepción en relación al resto de España, que según la encuesta de condiciones de vida que publica Eurostat, es el segundo país europeo con mayor nivel de desigualdad social, solo después de Lituania. Y lo peor es que esa misma encuesta demuestra que los europeos están cada vez más desmoralizados ante esta crisis que parece no tener final pues ya solo el 14% cree que en los próximos años podría mejorar su situación económica.
Crónica: Un paseo por los barrios más castigados
‘Frustración’ es una de las palabras que más he oído mientras preparaba este reportaje. Incluso cuando no la he oído expresamente, la he intuido. Cuando alguien te dice que esto no es lo que esperaba para sus hijos cuando cogió las maletas, dejó su país y se instaló en Barcelona, es la palabra que más fácilmente se me viene a la boca.
Es el caso de Marisa P., peruana de 42 años que va en el vagón del metro de la línea azul que tomé para ir a Nou Barris el 22 de mayo. Son las nueve de la mañana pero el vagón va casi vacío. Hay una huelga conjunta de Educación, pero no veo niños por casi ningún sitio. “Yo al mío lo he mandado al colegio, tengo que ir a trabajar”, me cuenta Marisa que no cree que eso de la huelga sirva para mucho y así ella puede ir tranquila a una casa en la que limpia y en la que no tiene contrato. “Antes tenía tres casas fijas y ahora solo una y la señora no quiere hacerme contrato, así que…”
En la calle veo a José y a Manoli, los dueños de la charcutería de la calle Urrutia y luego hablo con Loli porque me llama la atención el cartel de “Se aparta género”. “Hacía tiempo que no lo tenía, la gente compraba una bata, una falda, una camisa sin tener que pagarlo por partes, pero ahora…”. Ella también ha mandado al niño al colegio. “¿De qué ha servido la huelga general? ¿De qué?”, se pregunta y me pregunta pero no tengo respuesta. Un grupo de adolescentes en el parque que hay justo delante de la sede del distrito fuma y me explica que no tienen trabajo. Andrés tiene 20 años y ningún oficio concreto. Enseguida sale a relucir el tema de los inmigrantes: “Yo creo que primero tendríamos que ser los de aquí, ¿no?”, me dice sin entrar en más reflexiones y me viene a la mente lo que me ha contado el economista Albert Recio sobre lo que sucede en Francia y Gran Bretaña con los hijos de los inmigrantes y no tengo claro que aquí vaya a ser diferente.
Cojo un autobús para ir a otro de los barrios donde más ha caído la renta en los últimos dos años: Baró de Viver. El autobús número 11 va lleno de ancianos. Pepe y Consuelo, dos andaluces que llevan en Barcelona más de 40 años, me cuentan que van a La Maquinista. “Nos tomamos un café, vemos tiendas y echamos la mañana”, me cuentan y veo que otros les siguen los pasos y bajan donde ellos han bajado.
En Baró de Viver, que registra un 39,4 sobre 100 de renta familiar disponible, me llama la atención la escasez de gente por la calle. No hay ni jubilados en los parques. Creo que es por el mal día que hace, pero Manuel Téllez me saca de mi error, al menos en parte. “Están en el pueblo, la gente de mi edad que se ha jubilado se ha ido al pueblo, allí tienen casa y por cuatro perras viven de maravilla”, me cuenta este jubilado que no se va porque hace de canguro. “Por suerte mi hija aún tiene trabajo y nos necesita a su madre y a mi para cuidar a mi nieta”, dice orgulloso.
Me voy andando hasta el barrio de Sant Andreu, el día es desapacible y sigo viendo autobuses llenos de gente mayor. Me meto en el metro, donde hay más ambiente, y me quedo enganchada a la pantalla de televisión que va dando titulares sin parar: “La economía se contraerá un 0,3% de nuevo”, “El incremento del colesterol bueno no reduce el riesgo de infarto”, “El primer curso de FP costará 360 euros”, “Los jóvenes españoles son unos de los mayores consumidores de cannabis”… Eso solo para empezar.
La gente ni mira la pantalla, casi todos van con la cabeza agachada mirando el móvil y me viene a la cabeza una noticia de 2008 que entonces me pareció una machada: el Colegio de Ingenieros Técnicos de Telecomunicaciones de Cataluña (Coetcc) hizo una encuesta que indicaba que aunque la crisis se pudiera dura, podría ser una oportunidad para el sector, pues estaban seguros de que la gente ahorraría en cualquier otra cosa (hablaban incluso de la calefacción), pero no en telefonía. Y a la vista de las cabezas agachadas que veo en el metro, en el parque, en la calle y en todo sitios, quizás tuvieran más razón de la que yo pensaba.
Fuente: Barcelonès
Información relacionada:
El ‘corralito’ español que afecta a mayores de 60 años
“Para ver como aumentan las diferencias entre los barrios de Barcelona hay que mirar también las tasas de paro”, explica el profesor de Economía Aplicada de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), Albert Recio. Fijémonos en ese dato entonces y comprobaremos que las diferencias son enormes: mientras que el distrito de Sarrià registraba un paro del 8% en diciembre de 2011, el de Nou Barris acumulaba hasta el 17,2 % de gente en edad de trabajar sin ocupación.
Albert Recio apunta a que en el caso de Barcelona se partía de una situación muy desigual y que como el impacto de la crisis está siendo muy amplio, lo más normal es que la gente se vaya adaptando. “La gente irá pasando como pueda, irá tirando con menos y lo peor se verá a medio plazo en ámbitos como el de la salud. Sin duda, veremos un deterioro paulatino con graves costes sociales para mucha gente”, contesta el experto ante la cuestión sobre lo que podría pasar si la situación sigue empeorando.
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| Turó de la Peira |
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En ciudades como Londres, donde las diferencias son también muy grandes entre barrios ricos y pobres, hay un temor por parte de las instituciones a que estalle la violencia. La revista Time, en su número del 14 de mayo de 2012 ponía de manifiesto este temor y un sociólogo de la Universidad de Bristol, Will Atkinson, hablaba de que “se está extendiendo una nueva conciencia de clase entre los más afectados por la crisis” que se ejemplifica con algunos altercados entre gente necesitada y gente que no lo está tanto.
Es difícil saber lo que va a ocurrir aquí. Los expertos coinciden en apuntar que tanto en Londres como en París hay un componente xenófobo, los jóvenes cuyos padres emigraron a estas ciudades ya son ciudadanos de esas ciudades pero se siguen sintiendo ciudadanos de segunda clase. “Los británicos de origen africano o caribeño y los franceses de origen magrebí sufren una discriminación racial y xenófoba que es parte del origen de las revueltas que se han vivido en esas ciudades”, explica Recio que asegura que la violencia puede ser una salida a tanta frustración pero no la única y recuerda como en los años 80 llegó el flagelo de la heroína a los barrios obreros españoles.
“No descarto que surjan respuestas xenófobas por parte de la población local aunque hay que tener en cuenta que la lucha por la supervivencia suele tener muy ocupada a la gente”, dice Recio. Lo que tiene claro este profesor y miembro de la Junta de la Federació d’Associacions de Veïns i Veïnes de Barcelona es que la persistencia de la crisis aumentará las desigualdades y eso es “una bomba de relojería que puede estallar de muchas formas”.
Barcelona no es una excepción en relación al resto de España, que según la encuesta de condiciones de vida que publica Eurostat, es el segundo país europeo con mayor nivel de desigualdad social, solo después de Lituania. Y lo peor es que esa misma encuesta demuestra que los europeos están cada vez más desmoralizados ante esta crisis que parece no tener final pues ya solo el 14% cree que en los próximos años podría mejorar su situación económica.
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| Roquetes |
Crónica: Un paseo por los barrios más castigados
‘Frustración’ es una de las palabras que más he oído mientras preparaba este reportaje. Incluso cuando no la he oído expresamente, la he intuido. Cuando alguien te dice que esto no es lo que esperaba para sus hijos cuando cogió las maletas, dejó su país y se instaló en Barcelona, es la palabra que más fácilmente se me viene a la boca.
Es el caso de Marisa P., peruana de 42 años que va en el vagón del metro de la línea azul que tomé para ir a Nou Barris el 22 de mayo. Son las nueve de la mañana pero el vagón va casi vacío. Hay una huelga conjunta de Educación, pero no veo niños por casi ningún sitio. “Yo al mío lo he mandado al colegio, tengo que ir a trabajar”, me cuenta Marisa que no cree que eso de la huelga sirva para mucho y así ella puede ir tranquila a una casa en la que limpia y en la que no tiene contrato. “Antes tenía tres casas fijas y ahora solo una y la señora no quiere hacerme contrato, así que…”
En la calle veo a José y a Manoli, los dueños de la charcutería de la calle Urrutia y luego hablo con Loli porque me llama la atención el cartel de “Se aparta género”. “Hacía tiempo que no lo tenía, la gente compraba una bata, una falda, una camisa sin tener que pagarlo por partes, pero ahora…”. Ella también ha mandado al niño al colegio. “¿De qué ha servido la huelga general? ¿De qué?”, se pregunta y me pregunta pero no tengo respuesta. Un grupo de adolescentes en el parque que hay justo delante de la sede del distrito fuma y me explica que no tienen trabajo. Andrés tiene 20 años y ningún oficio concreto. Enseguida sale a relucir el tema de los inmigrantes: “Yo creo que primero tendríamos que ser los de aquí, ¿no?”, me dice sin entrar en más reflexiones y me viene a la mente lo que me ha contado el economista Albert Recio sobre lo que sucede en Francia y Gran Bretaña con los hijos de los inmigrantes y no tengo claro que aquí vaya a ser diferente.
Cojo un autobús para ir a otro de los barrios donde más ha caído la renta en los últimos dos años: Baró de Viver. El autobús número 11 va lleno de ancianos. Pepe y Consuelo, dos andaluces que llevan en Barcelona más de 40 años, me cuentan que van a La Maquinista. “Nos tomamos un café, vemos tiendas y echamos la mañana”, me cuentan y veo que otros les siguen los pasos y bajan donde ellos han bajado.
En Baró de Viver, que registra un 39,4 sobre 100 de renta familiar disponible, me llama la atención la escasez de gente por la calle. No hay ni jubilados en los parques. Creo que es por el mal día que hace, pero Manuel Téllez me saca de mi error, al menos en parte. “Están en el pueblo, la gente de mi edad que se ha jubilado se ha ido al pueblo, allí tienen casa y por cuatro perras viven de maravilla”, me cuenta este jubilado que no se va porque hace de canguro. “Por suerte mi hija aún tiene trabajo y nos necesita a su madre y a mi para cuidar a mi nieta”, dice orgulloso.
Me voy andando hasta el barrio de Sant Andreu, el día es desapacible y sigo viendo autobuses llenos de gente mayor. Me meto en el metro, donde hay más ambiente, y me quedo enganchada a la pantalla de televisión que va dando titulares sin parar: “La economía se contraerá un 0,3% de nuevo”, “El incremento del colesterol bueno no reduce el riesgo de infarto”, “El primer curso de FP costará 360 euros”, “Los jóvenes españoles son unos de los mayores consumidores de cannabis”… Eso solo para empezar.
La gente ni mira la pantalla, casi todos van con la cabeza agachada mirando el móvil y me viene a la cabeza una noticia de 2008 que entonces me pareció una machada: el Colegio de Ingenieros Técnicos de Telecomunicaciones de Cataluña (Coetcc) hizo una encuesta que indicaba que aunque la crisis se pudiera dura, podría ser una oportunidad para el sector, pues estaban seguros de que la gente ahorraría en cualquier otra cosa (hablaban incluso de la calefacción), pero no en telefonía. Y a la vista de las cabezas agachadas que veo en el metro, en el parque, en la calle y en todo sitios, quizás tuvieran más razón de la que yo pensaba.
Fuente: Barcelonès
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